lunes 14 de mayo de 2007

LOS QUITA GUSTO

Por JUAN TH
Así les dicen ahora a los funcionarios del gobierno del Partido de la Liberación Dominicana: Los quita gusto.
Durante el primer gobierno de ese partido el pueblo los bautizó con otro nombre de lo más simpático y realista: Los comesolos, definidos en la sabiduría popular como aquellos que “entraron en chancletas y salieron en yipetas”, es decir, llegaron pobres, con una mano delante y otra detrás al gobierno y salieron ricos, poderosos, con fortunas que no podrán explicar ni en cien años. Tal es el caso que durante los cuatro años de oposición no dieron un golpe ni de karate. Y no les hizo falta nada. Al contrario, todo le fue en abundancia. La acumulación de capitales en cuatro años desde el gobierno, los convirtió en prósperos empresarios en diferentes áreas.
Los comesolos volvieron al gobierno, ya no en chancletas, sino en vehículos de lujo y en helicópteros, bien vestidos, con relojes, anillos, guillos y otras joyas que valen fortunas. Perdieron la compostura. Ya no exhiben humildad ni sensibilidad social. Ahora se les ve arrogantes, atropellantes, a toda velocidad por las calles con sus policías montados en motocicletas que detienen el tránsito para que ellos puedan continuar su marcha sin detenerse un segundo. Miles de agentes policiales y militares están asignados para proteger a los funcionarios gubernamentales, a sus amigos y amigas, relacionados o relacionadas, en medio de los mayores niveles de corrupción que se haya visto en la historia.
No volvieron al gobierno los pobres muchachos de los barrios marginados y de los campos, aquellos que hacían rifas todas las semanas y que salían puerta por puerta a vender religiosamente, como Testigos de Jehová, el periodiquito Vanguardia del Pueblo. Ahora volvieron convertidos en “tutumpotes”, como diría el gran ignorado profesor Juan Bosch.
Los comesolos han vuelto, para desgracia del pueblo dominicano, con una voracidad que espanta. Han propiciado, en tres años, tres reformas fiscales. Lo han gravado todo.
Los impuestos tienen a los pequeños y grandes comerciantes y empresarios con el grito al cielo. Los productores de cerveza y de ron se quejan amargamente. Los productores agrícolas por igual. Muchas empresas grandes y pequeñas han quebrado. Las empresas de zona francas muchas han cerrado y las que aun se mantienen han debido cancelar a miles de trabajadores y trabajadoras. Pese a la cháchara oficialista de que vamos bien, vamos de mal en peor. Y la gente se pregunta, ¿dónde está el dinero de los impuestos, en qué se han invertido tantos recursos si el gobierno insisten en endeudar cada vez al país? ¿Dónde están los nuevos hospitales, las nuevas escuelas, las viviendas para los pobres, las escuelas vocacionales, las canchas deportivas, el desarrollo agrícola? ¿Y los cuartos, dónde están?
El dinero de la gente se va en la construcción del Metro, por donde pasa la corrupción sin dejar rastro, en campañas electorales comprando dirigentes opositores y de su propio partido, en viajes por el extranjero, proteger a ladrones de bancos, etc.
Y mientras los funcionarios y sus gentes gozan de seguridad máxima, a la población no la protege nadie. La inseguridad ciudadana no es una preocupación seria del gobierno. Es otro negocio, otra empresa que deja grandes beneficios.
Y encima de que nos roban, nos violan y nos matan, sin que las autoridades hagan nada, encima de que no hay un chele en la calle, de que nos está llevando el mismo diablo, encima de que tenemos que pagar impuestos hasta por respirar y caminar en nuestro propio país, ahora los comesolos nos quieren quitar el derecho a coger gusto, aunque sea poco.
Para ocultar su incompetencia y su complicidad que con el narcotráfico, con el crimen organizado y con la violencia en sentido general, el gobierno de los comesolos quiere quitarnos el gusto. Por eso ahora los llaman “los quita gusto”.
Resulta difícil beberse unas cervezas bien frías o un pote de ron. Primero las bebidas están muy caras. Pero cuando la gente quiere tomarse unos traguitos demás, vienen y cierran el bar o la discoteca antes de las doce de la noche, como si los borrachos fueran atracadores.
Usted ya no puede ir a un restaurante a cenar y tomarse en la sobremesa otra botella de vino o de lo que le de la gana porque llega la Policía a joder el parto y cierra el negocio.
Ya no se puede ir a un motel porque en cualquier momento llega la autoridad con fusiles y metrallas alborotándolo todo, dizque buscando atracadores y asesinos. Si no abres el portón son capaces de producir una tragedia. En Santiago se han producido cientos de allanamientos en moteles en los últimos dos o tres meses. Como si las parejas que hacen el amor fueran asesinos, como si tuvieran derecho a incursionar en la intimidad de las personas, como si fuera un delito tener sexo.
Quiere decir que los “moralistas” de pacotilla, más papitas que el Papa, pero que arrastran una cola mayor que la de un cometa, le quieren quitar la diversión a los dominicanos. Ya no se puede ir a una discoteca a bailar un buen merengue, una salsa o una bachata, ni se puede beber si no es hasta la hora que arbitrariamente ha dispuesto el gobierno sin ningún marco legal.
Cuando la fiesta se pone buena, cuando uno empieza a entonar, cuando uno se pone en salsa, llegan los quita gusto. Y ahí mismo se acaba todo. Se rompió la taza, cada uno para su casa. Como si no fuéramos ciudadanos libres de un país democrático.
Y lo que es peor, el colmo de los colmos, es que los quita gusto se quieran reelegir.