La isla Española viene siendo saqueada desde la época de la colonia cuando Cristóbal Colón, asesino y ladrón, pisó nuestro territorio acompañado de un grupo de colegas que en ningún momento lo defraudaron.
La historia de la isla es la historia del crimen, de la sangre y del robo, es la historia de la conquista a sangre y fuego, de la muerte y el despojo de sus riquezas renovables y no renovables por las grandes potencias europeas y Estados Unidos.
Más de cinco siglos de guerras, muertes, dictaduras y gobiernos débiles con caretas de libertad y justicia que nunca estuvieron bien representados, que nunca cumplieron bien con la farsa.
Trujillo convirtió los 48 mil kilómetros cuadrados de territorio en su finca. No solo era dueño de las tierras, sino de todo lo que en ella estaba o habitada. Y el que se oponía terminaba en la cárcel, el exilio o en los cementerios, hasta que un buen día, más de 30 años después de abusos, de robos y crímenes, un grupo de patriotas, por las razones que fueren, hicieron bien en arrancarle la cabeza, por aquello de que muerto el perro, se acabó la rabia. Una rabia, que, por cierto, duró muchos años en terminar. Una rabia que, vale decir, en ocasiones parece que no ha terminado del todo.
La historia del robo y el saqueo no terminó con Trujillo. Al contrario, las ambiciones de los poderosos del clero, la burguesía, la pequeña burguesía y los altos mandos militares, se acrecentaron y se enfrascaron en una disputa por los bienes “heredados” del Jefe al que todos admiraron, respetaron y hasta lloraron.
Balaguer hizo de la corrupción una cultura, un modo de perpetuarse en el poder. La corrupción solo se detiene en las puertas de mi despacho, dijo en una ocasión. Lo cual no era verdad. La corrupción no se detuvo nunca en ninguna puerta.
“Todos los días descubro un corrupto en la administración pública”, declaró a la prensa. Pero nunca sometió a la justicia a nadie. Nunca permitió que sus colaboradores fueran a la cárcel. A todos los protegió hasta el día de su muerte.
Todas las empresas que eran de Trujillo, que eran prácticamente todas, que a su muerte pasaron a manos del Estado, sirvieron para enriquecer a determinados grupos políticos y económicos. Todas esas empresas, muy prósperas, que dejaban beneficios, de repente quebraron y se convirtieron en una carga para el Estado. No hubo más remedio que venderlas a precio vil o regalarlas para que fueran saneadas y recuperadas, como en efecto ocurrió. Fue precisamente el PLD que vendió a precio vil, que regaló todas esas empresas, incluyendo algunas vitales para el desarrollo nacional como el Consejo Estatal del Azúcar y la Corporación Dominicana de Electricidad. ¡Y nadie fue a la cárcel por robarse las empresas del Estado! ¡Y a nadie pareció preocuparle el hecho de que el PLD y el presidente Fernández vendieran el patrimonio del pueblo como si fuera suyo! Al contrario, los demás partidos incluyendo al PRD, se hicieron cómplice de ese crimen de lesa patria.
La corrupción no se detuvo durante el gobierno del PRD que encabezó mi buen amigo Hipólito Mejía. Ni siquiera los funcionarios del gobierno del PLD involucrados en el caso Peme fueron condenados. El Ministerio Público y los jueces fueron cómplices de los corruptos.
Y ahora las cosas son peores. Lo que está pasando ahora no tiene límites ni fronteras. Los negocios desde posiciones públicas no se tienen. Es el pan nuestro de cada día. Nadie está en la cárcel por prevariación. El artículo 102 de la Constitución que condena el uso de los fondos públicos para provecho personal de funcionarios, testaferros o parientes, es letra muerta.
Pero la corrupción no es cosas solo de la gente del gobierno y del PLD. Abarca todos los estamentos de la sociedad dominicana. Nadie puede tirar la primera piedra en esa materia. Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad.
El camarada secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales acaba de denunciar que los congresistas del PRD del año 2004 hicieron el mayor negocio inmobiliario de la historia. Que para sacar de las áreas protegidas millones de tareas de tierra exigían el 30 por ciento, ya sea en tierras o en dinero. Ese era un secreto a voces. Lo que corresponde ahora es que el ministro de Medio Ambiente muestre las pruebas y que someta a la justicia a los legisladores que cometieron ese crimen contra el país. No dudo una sola de las palabras del Ministro, porque una parte de esos legisladores del PRD extorsionaron a los síndicos de su propio partido para aprobarle una ley que los beneficiaba. Y nadie dijo esta boca es mía. Todos se metieron la lengua por donde ustedes saben… No hay un solo gobierno de los últimos 20 años que no haya sido extorsionado por congresistas incluso de su mismo partido; son pocos los empresarios que no hay sido extorsionados por una parte de los legisladores.
Como no tengo corruptos preferidos, porque he sido coherente durante estos casi 30 años de ejercicio profesional, sigo abogando porque los corruptos, sin importar el partido al que pertenezcan, ni el cargo que ocupen en el partido o en el gobierno, sean sometidos a la justicia y enviados a la cárcel. Voy más lejos, comparto con los chinos la pena capital cuando se trate de corruptos, de ladrones de los dineros del pueblo. El ministro chino de salud fue condenado a muerte por haber aceptado soborno. Una bala en la nuca terminará con su vida. La bala tendrá que pagarla la familia. El que se roba los cuartos del pueblo en China sabe a lo que se atiene. Aquí debería ser más o menos igual. De lo contrario la corrupción seguirá empobreciendo cada día más al pueblo. Hay que dar ejemplos, hay que crear precedentes con esa vaina de la corrupción.
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