Por JUAN TH
El PRD está en las puertas del poder nuevamente. Pero parece no saberlo.
Sin hacer nada, solo esperar que las cosas pasen, como están pasando, el PRD se encuentra en una envidiable posición frente al candidato oficialista que otra vez ha fracasado y se ha convertido en una frustración para la mayoría de los dominicanos que esperan con ansias el 16 de mayo del año próximo para sacarlo del Palacio Nacional.
El descontento de la población es cada vez mayor. Millones de personas, como buenos cristianos, se dan golpes en el pecho pidiendo perdón por haber votado morado y llevar al poder a un grupo que ha gobernado para si mismo y para una parte de los ricos.
Las condiciones materiales de vida de la población han descendido notablemente en los últimos tres años gracias al desempleo, el alto costo de la vida, a los impuestos, los altos precios de los combustibles, de la tarifa eléctrica, los apagones, la falta de agua potable, y la inseguridad. Y ni hablar de la corrupción, de la arrogancia de los funcionarios que han resultado tan ineptos como su jefe.
El aumento de la pobreza, el deterioro de la clase media y el descontento de algunos sectores económicos por la política fiscal provocan, como es lógico, descontento.
La gente no está conforme con el gobierno. Al contrario, lo aborrece.
Ahora bien, eso no significa que la gente esté dispuesta a votar por el PRD. Me explico: Ese descontento, esa frustración necesariamente no es sinónimo de simpatías hacia el candidato del PRD. Una gran parte de los votantes está frustrada porque las promesas no se cumplen, porque los gobiernos suben y bajan, pero nada cambia, nada pasa. Las transformaciones económicas no se producen. Hay quienes dicen que no volverán a votar por ningún partido, que todos son iguales, que prometen y prometen, pero que desde que suben al palo se olvidan de los pobres y de la clase media. Muchas personas desconfían, otros no creen ya en el sistema democrático. La abstención se convierte en el más grande partido del país. No puede ser de otra manera. Los dominicanos han estado acudiendo a las urnas durante muchos años con la esperanza de que surja un gobierno auténticamente democrático, es decir, un gobierno para la gente, no para la cúpula de los partidos y de los grupos de poder que cada cuatro años asaltan el Estado. La gente rechaza a Leonel. Ya no cree en sus palabras ni en sus promesas. La gente está harta de sus mentiras y de sus poses demagógicas. No más mentiras, no más engaños. El presidente habla y la gente no lo escucha. Siempre dice lo mismo: Que todo está bien, que la economía crece, que es pa lante que vamos. Y otras cantinfladas.
Solo en la prensa, en la que ha comprado con más de seis mil millones de pesos al año en propaganda y publicidad, es que aumenta su popularidad. Solo en las encuestas pagadas con fondos públicos es que el presidente gana las elecciones de mayo próximo. Esas encuestas las hacen los mismos que aseguraban que el presidente le ganaría a Danilo Medina con más de un 90 por ciento. Y para obtener un 70 por ciento debió invertir cientos de millones de pesos del presupuesto nacional para comprar dirigentes y para muchas otras diabluras, de lo contrario el candidato sería Danilo.
El presidente puede no ganar, pero puede quedarse en el poder a menos que el PRD haga lo que tiene que hacer No olvidemos que el doctor Balaguer, a quien el presidente sigue al pie de la letra, se hizo experto en ganar elecciones perdiéndolas.
Los presidentes no se subestiman. Y menos cuando tienen recursos, cuando cuentan con una estructura partidaria, política y militar. Subestimar al presidente Fernández sería un error infantil.
Para derrotar al presidente, a su partido, a sus recursos millonarios, a su prensa y sus bocinas, hay que organizarse bien, hay que tener una política bien clara, hay que tener una táctica y una estrategia bien diseñada. No es hablando pendejadas en un programa de televisión o de radio, no es descalificando a sus propios compañeros, no es creando un anillo alrededor del candidato presidencial para impedir que otros se le acerquen que se conquista el poder. Hay que sumar voluntades, unir, no dividir.
El mal llamado nuevo PRD no puede enfrentar todos los obstáculos que se le presentan. Muchos de los “dirigentes” del nuevo PRD no morirán jamás de un derrame cerebral. El nuevo PRD tiene que buscar al “PRD viejo” si quiere volver al poder.
El PRD tiene que ser uno. Ni nuevo, ni viejo. El PRD, con todos sus cuadros, con todos sus dirigentes, con toda su militancia, con todos sus simpatizantes. El PRD no puede discriminar. ¿Cómo es que el PRD nuevo rechace a los viejos del PRD que se han mantenido firmes en su partido, pero propone amnistía para los traidores?
El PRD, como partido único, no como una federación de grupos cada cual por su lado, puede derrotar al PLD. El candidato no puede sustituir al partido. Sería enterrar las aspiraciones de gobernar del partido. No puede haber una dicotomía entre el partido y el candidato. El partido, como organización política que tiene como objetivo la toma del poder, debe estar por encima de cualquier. El que no lo entienda así que se lea el libro de Juan Campmany, “El Efecto ZP”, mil días de campaña para llegar a la Moncloa. PRD puede volver al poder. Se están dando todas las condiciones objetivas para que así sea. Pero hay que crear las condiciones subjetivas, algo fundamental en política. De lo contrario, Leonel se queda subido en el palo por lo menos cuatro años más.
El PRD tiene que salir del cascarón. Hay que sacar al partido a la calle. El candidato tiene que salir por todo el territorio nacional, pueblo por pueblo, casa por casa, rincón por rincón. Tiene que salir con propuestas concretas, creíbles, tiene que ganarse la confianza de la gente para que el descontento y la frustración popular se transformen en intención de voto. Si eso ocurre el PRD, con Miguel Vargas Maldonado a la cabeza, se mudará otra vez al Palacio Nacional.
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